
BRASIL
Estado que abarca el 43 % de la superficie de América del Sur. Limita con todos los países sudamericanos excepto con Chile y Ecuador. Es país montañoso en su parte sudoriental, donde las altas cadenas bordean la costa del Atlántico, pero en el Norte está formado por una inmensa planicie cubierta de frondosos bosques y selvas vírgenes donde corren el Amazonas y sus afluentes, entre los cuales figuran en primer término el Madeira, el Tapajós y el Xingú. Otros ríos importantes más al Sur son el San Francisco y el Paraná. El clima es cálido y húmedo en la zona intertropical, que comprende casi toda la Confederación; y templado y seco en el sur. La mayor riqueza del Brasil estriba en la agricultura, aunque es uno de los países más industrializados de América. En cuanto al comercio, merced a los buenos puertos y ríos navegables con que cuenta, ha adquirido extraordinario desarrollo. Exporta café minerales de hierro azúcar, cacao. aceites vegetales, hierro y acero, vehículos, armamento pesado, maquinaria, aparatos de electrónica, pieles y cueros, maderas, productos de química industrial, etc. Los habitantes del Brasil pertenecen a las razas blanca europea (40 %), negra (8 %), amerindia (2 %) mestiza (30 %) y mulata (20 %). Exceptuando a los holandeses de Pernambuco y a los franceses e italianos que se establecieron en las cercanías de Río de Janeiro y Maranhao, los primeros colonos del Brasil fueron casi exclusivamente portugueses. La religión mayoritaria es la católica, al menos en teoría. Brasil es desde 1889 una República federativa. El poder legislativo corresponde al Congreso Nacional, compuesto por dos cámaras; Senado y Cámara de los Diputados. El poder ejecutivo es ejercido por el presidente que se elige por cinco años, con su Gobierno. Administrativamente se divide en 22 Estados, 4 Territorios y un Distrito Federal.
La música brasileña
Para muchos, hablar de música brasileña implica únicamente bosanova y “La Chica de Ipanema”, o tal vez nos evoque una vaga imagen de Carmen Miranda con un extravagante sombrero de frutas.
La verdad es que la música de Brasil tiene mucha más diversidad, vitalidad e impacto alrededor del mundo que cualquier otro país latinoamericano; con la excepción, tal vez, de Cuba. Una de las cosas que hace tan buena a la música brasileña es que está basada en una increíblemente rica tradición cultural.Las raíces son básicamente las mismas que en el resto de América Latina: África, Europa e indígenas locales. Pero la influencia en este caso, y lo que distingue a Brasil del resto del continente, es que es portuguesa; y esa especial y fluida elegancia del idioma y la música son en gran parte lo que hacen a Brasil tan especial.
En Brasil, la música es mucho más que entretenimiento, es la banda sonora de la vida. Es un ambiente constante de ritmo y melodía que enriquece y mantiene a la gente; en los buenos y en los malos tiempos. A lo largo del año en Brasil, los ritmos de samba, bosanova, música popular, forro, pagode y muchos otros estilos están constantemente en el aire. Emanan de radios en taxis, cajas de ritmo rurales, bocinas oxidadas en cantinas en la playa e improvisadas sesiones en vivo en las esquinas. Esto ha sido sólo una probadita del festín de sonidos que es Brasil. Un tributo a la gente cuya pasión y creatividad musical no tienen igual. Y ya sea que lo escuchemos en portugués o en cualquier otro idioma, está música tiene la calidez para encender nuestro fuego interno.
Danzas e intrumentos brasileños
De entre las muchas danzas originales surgidas de este rítmico y cálido país, cabría destacar tres de sus manifestaciones por ser las más conocidas y peculiares:
Batuque o batucada. Denominación para cualquier danza de origen africano interpretada con instrumentos de percusión y sin una coreografía definida.
Capoeira. Traída a Brasil por esclavos angoleños disfrazada como baile, permitía a estos entrenarse para la lucha sin despertar las sospechas de sus amos y tiene cierto parecido a las artes marciales orientales en cuanto a la utilización acrobática de manos y pies. A finales de 1800 fue prohibida por la policía, transformándose más tarde en un simulacro de lucha donde la coreografía y el balanceo del cuerpo van creando formas armónicas al son del berimbau.
Lambada. Descendiente de los primitivos bailes en pareja del periodo colonial, se bailaba en los años treinta en Belem. En 1990 se popularizó en todo el mundo convertido en una sensual y atrevida aproximación de los cuerpos en pareja.
Otros bailes y danzas negros son el Baiao, la Crianda, el Frevo, Xote o la Xula.
Por su parte los instrumentos de percusión con los que se acompañan estas danzas y ritmos son especialmente ricos en Brasil, y como éstas, tienen su origen en África central y occidental. Algunos de los más conocidos, dada su actual utilización y difusión entre los percusionistas de jazz u otras músicas de fusión, son:
- El afoxé, cabaça o xequeré. Originalmente una calabaza hueca envuelta por una redecilla ala que se han anudado semillas o cuentas de collar.
- El agogó. Dos pequeños cencerros unidos por un mango que se percuten con una baqueta de madera.
- El pandeiro. Pequeña pandereta con parche de piel y sonajas metálicas. Prácticamente idéntica a la pandereta española.
- El tamborim. Un pandeiro sin sonajas que se percute también con baqueta.
- La cuica. Un pequeño tambor cilíndrico del tipo a una zambomba pero con la caña de bambú invertida e incrustada en la piel del parche en el interior del tambor.
- El surdo. Gran bombo de pasacalle, también cilíndrico, que se golpea con un mazo con la cabeza de fieltro o lana.
- Y por último, el berimbau. Especie de lira africana de un solo arco tensado por una única cuerda metálica y una caja de resonancia en su extremo inferior hecha con una calabaza hueca. Se toca percutiendo la cuerda con una pequeña vara mientras se tensa la cuerda con un dedo.
Para entender la importancia y significado de los bailes y danzas tradicionales en Brasil, hay que volver a incidir en el mestizaje del propio país y su sincretismo religioso: animismo indígena, magia africana y superstición católica.
Aquellos esclavos desembarcados por traficantes franceses y holandeses en las costas de Brasil procedían de las mismas áreas geográficas que el resto de los negros con los que los colonos europeos repoblaron plantaciones y campos de algodón desde Nueva Orleáns hasta Uruguay, pero es en las islas del Caribe y en el mismo Brasil donde perduraron dioses, ritos y ritmos de su África natal. Por eso, mientras que en Norteamérica, Yucatán o Perú el cristianismo y sus intransigentes prelados acabarían con sus tradiciones, en Cuba, Haití y por supuesto Brasil, a pesar de las primeras prohibiciones, los descendientes de esos esclavos negros supieron adaptar los propios mitos y orixas (dioses) al santoral católico. De esta forma el candomblé, palabra con la que se designa de igual modo esta nueva religión como su entorno musical, el mismo que hoy día se practica en Bahia, punto de partida del sincretismo religioso en Brasil, conserva intactas las ancestrales creencias de los primeros esclavos llegados a esta emblemática ciudad.

